Saturday, February 11, 2017

De Blanco y Negro: Análisis Temático de La Cuarterona (Alejandro Tapia y Rivera)


            Entre los escritores puertorriqueños más destacados del siglo XIX, por su creatividad y su capacidad literaria, se encuentra Alejandro Tapia y Rivera. Una de sus obras que ha sido puesta en escena, demarcando el carácter del siglo XIX en Cuba y es eje central de este  breve ensayo, es La cuarterona (España, 1867) cuyas ideas/temas centrales son el prejuicio racial y la sociedad.
  Alejandro Tapia y Rivera fue un escritor, educador, poeta y dramaturgo puertorriqueño; nacido el 12 de noviembre del 1826. Realizó sus primeros estudios en un colegio particular en su ciudad natal, propiedad del conde de Cartagena, y en esta misma ciudad completó su educación secundaria. Al terminar esta etapa de su vida, la situación económica de su familia no le permitió continuar estudios superiores en España, por lo que se vio obligado, desde muy joven, a realizar trabajo secretarial en la oficina de Hacienda. A raíz de un duelo con un oficial de artillería fue deportado a España. Este destierro le permitió ampliar sus conocimientos lingüísticos y científicos. En Madrid (1850-52), completó sus estudios literarios y se unió a la Sociedad Recolectora de Documentos Históricos de San Juan de Puerto Rico. Para el 1857, viajó a Cuba y se estableció allí hasta el 1862. Luego, al regresar a Puerto Rico en 1862, se estableció en el municipio de Ponce, y comenzó a desempeñarse como profesor y conferenciante en el Museo de la Juventud, de Ponce.
 Entre sus muchas condecoraciones y honores, el gobierno de España le concedió la medalla de Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III; y, su ciudad natal, le otorgó su nombre al teatro principal siendo éste conocido, hoy día, como el Teatro Tapia.
 Entre sus escritos más destacados se encuentran novelas y leyendas como: El heliotropo (1848), La palma del cacique (1852), La antigua sirena (1862), Póstumo el transmigrado (1872), Póstumo el envirginado (1882), La leyenda de los veinte años (1874), y Cofresí (1876); Dramas Roberto D'Evreux (1856), Bernardo de Palyssy o El heroísmo del trabajo (1857), y, entre muchos otros, La cuarterona (1867). 
“Por su obra literaria, se le considera el padre de la literatura puertorriqueña ya que, a excepción de la poesía y el cuento, fue el iniciador de los demás géneros en la isla, si se tiene en cuenta la cantidad y calidad de su producción”. 
La cuarterona narra la tragedia de Julia, una mestiza criada en el seno de una familia aristócrata, al corresponder su amor a Carlos, hijo de la Condesa. Debido a la ruina que enfrenta la familia, la Condesa intenta convencer a Carlos de contraer matrimonio con Emilia, la orgullosa hija de don Críspulo, su acreedor. Carlos se niega pero, a causa de su tenaz insistencia, la falsa persuasión de Julia y el deber preeconómico, finalmente acepta. Debido a la desesperación de su madre, el casamiento se lleva a cabo en su casa. Esta situación es la que lleva a Julia a una enfermedad melancólica y,  póstumamente, a la muerte. Se descubre el verdadero origen de Julia, resultando ser hija de don Críspulo y hermana de Emilia. Carlos, ante el descubrimiento de esta verdad, rechaza a su madre, la Condesa, anula su matrimonio y llora sobre el cadáver de su amada.
Esta obra expone características coloniales y temas que, a pesar de ser polémicas del pasado, aún se presentan hoy día: el prejuicio racial y la sociedad. Para comenzar a sustentar esta idea, he aquí un breve detalle: La Habana, Cuba, siglo XIX; donde la conquista y la colonización dieron origen a la mezcla de razas sobre un estructuralismo social clasista y a la lucha por la independencia y el patriotismo. Así mismo,  resalta ese afán por lo material que lleva a algunas personas a sacrificar su bienestar y su felicidad, a cambio de un estatus o rol social. “Este es el pan de cada día en nuestra sociedad, el espejo en que nos miramos diariamente”.
            Conforme a esto, y a la situación similar por la que pasaba Puerto Rico en el mismo siglo podemos decir que, Tapia se ha inspirado para la realización de esta obra, denunciando la carencia política y moral que daban lugar a la esclavitud.
            Para dar fin a la argumentación de estas ideas centrales, tomemos como ejemplo las citas a continuación, comenzando con Carlos: “Acaso mide la diferencia de condiciones con que el destino implacable quiso separarnos […] Julia, la hechicera Julia, no verá más que un abismo entre los dos, y no comprenderá tal vez que yo saltaría por sobre aquel abismo, para acercarme a ella. Por otra parte, si mi madre llegase a imaginar… ella que la acogió y la ha educado con esmero; mi madre que la ama bondadosa… Pero al tratarse de quebrantar ciertas barreras, recordará que es la condesa, la señora altiva, y que la otra es una pobre mestiza…” (p. 734-735). Seguimos con Emilia: “¿Graciosa dice usted, papá? En su clase no diré que no; aunque pretende vestir y darse el tono y maneras de señorita, siempre se trasluce su condición […] No transijo con mulatas” (p. 752-753). A continuación, don Críspulo: “En eso no estamos de acuerdo: es casi blanca o lo parece, es bonita, fina y elegante; si no supiésemos que es hija de una mulata, según se dice, tal vez la admitiríamos como a otros que tratan de disimular su origen entre las personas bien nacidas” (p. 752). Ahora, la Condesa: “Pretendo evitar la deshonra en mi casa; evidenciar que niego toda indulgencia a las relaciones desiguales y peligrosas. El buen nombre de nuestra familia está por medio, y por consiguiente, ha terminado mi censurable bondad”, (p. 772). Finalizamos con Julia, en su delirio mortífero (p. 777-778):

            Una mancha que debe ser muy visible, porque todos la ven, todos me la echan en cara. ¡Cuando todos lo dicen!...  Y sin embargo, esta mancha no es la del crimen: la tuve desde mi primer instante, nací con ella… ¡ah! ¡Si pudiese borrarla! ¡Dicen que soy bella-. ja… ja… ja… ¿Cómo puedo serlo con esa mancha? Ella es mi pecado original, ¡pero sin redención, sin redención! […] Jorge, tráeme flores… necesito flores para mi frente. Quiero ver si oculto esta mancha que me abruma, la mancha de mi origen; pero no me traigas mirtos ni azahares; esas flores son muy alegres y deben servir para otras más felices… ¡yo estoy tan triste! Tráeme lirios, que son tristes como yo… siemprevivas que sirven para un sepulcro… Quiero ya mi vestido de boda, blanco como el armiño, como la pureza… como un sudario.

          Esta obra nos muestra un amor destruido por el prejuicio y las vanas apariencias, ambos trastornos sociales aun presentes. Por otro lado, podemos confabular que tambien nos hace reflexionar sobre nuestro libre albedrío y nos inspira a luchar por nuestro bienestar y nuestra felicidad. No importa que retos nos presenta la vida al fin y al cabo, por dentro, todos somos iguales y, no importa quien eres, todos nacemos con una sentencia de muerte.

Gracias por leer.





Libro: Sarriera, Carmen M.; Quintana, Hilda E.; Ballester, Irma; Santiago, Josué; Cruz Yasmine El placer de leer y escribir (Antología de lecturas), Puerto Rico: Editorial Plaza Mayor, 899p.

Archivos digitales (.pdf):
Domínguez, Carlos, “El tema del negro en el cuento puertorriqueño” (reserva digital personal), Año de descarga: 2017, 3p
Miranda Francisco, Olivia, “Visión histórica del análisis psicosocial del cubano”(reserva digital personal), Instituto de Filosofía de Cuba; Año de descarga: 2017, 4p

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